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MASOCORE, el dominio y la crueldad en tu videoconsola

9 diciembre, 2011

Hardcore, sadomaso, dominatrix, parafilia o incluso los nombres de Wanda y Sacher-Masoch no son palabras que esperemos encontrar en un artículo sobre videojuegos. No obstante, parece ser que la satisfacción de ser utilizado también encontró un espacio propio en el mundo de las videoconsolas.

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Buceando en la red encontramos este artículo sobre MASOCORE, en el que nos hablan de un grupo de videojuegos que basan su éxito en satisfacer las pulsiones masoquistas de determinado tipo de jugadores.

Como dicen en un momento del artículo, “el diseñador de videojuegos acaricia el papel de sádico, dentro de la arquetípica dualidad maestro/esclavo”

«Se trata de hacerlos sufrir de una manera que puedan soportar y que por esos cosquilleo del deseo, consigan además disfrutar»
Kieron Gillen, diseñador de juegos

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Y a diferencia de algunos términos repentinos que relacionan de alguna manera el sadomaso o el BDSM con otros temas (como la sadorexia, de la que nadie había oído hablar antes del reportaje de Tele5 y de la que nunca volvimos a oír nada que no fuera derivado de ese reportaje, ni encontramos jamás otras fuentes fiables), esto del MASOCORE sí cuenta con fuentes, estudios y autores que han analizado el fenómeno y hablado de él desde su perspectiva comercial y el mundo del videojuego.

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No es que en estos juegos el mando sea sustituído por látigos y fustas, ¡que no se emocione nadie antes de tiempo!: se trata más bien de girar la vuelta de tuerca de la frustración con diseños prácticamente injugables, niveles de exigencia altísimos, ruptura de las reglas habituales de juego, y que en general se plantean como un constante castigo para el jugador, en vez de facilitarle éxitos y satisfacciones. Y a veces, como todo en esta vida, también incluyen experiencias o estéticas relacionadas con la erótica y el sexo, o incluso directamente con la D/s y el fetichismo.

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Might y jill off (Dessgeega Games, 2008) es un videojuego de plataformas, de scroll vertical, que revisa la clásica historia de «salvemos a la princesa» y transforma a este típico personaje pasivo, habitualmente víctima de su destino, en una dominatrix exigente.

 La protagonista del juego (ambos personajes son femeninos), es lanzada desde lo alto de la torre y debe llegar de nuevo hasta donde se encuentra esta reina del sado para conseguir únicamente su aprobación. En este juego no buscaremos salvarla de nada ni de nadie

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Otro de los ejemplos que plantea (no voy a detenerme en los tipos de juegos masocore que analiza, porque –para mi, que no juego ni entiendo de programación de videojuegos– es aburrido), trata de un audio-juego para multijugadores en el que al mover el mando el jugador genera gemidos y cuyo objetivo es alcanzar el climax:

 “es interesante no porque hable de cuestiones de sexo y cultura, sino porque evoca la emoción de la vergüenza, la incomodidad del tabú social en el propio jugador (…) Es un juego que abusa de las condiciones sociales del jugador, que le reta emocionalmente a desenvolverse en la situación de practicar sexo en un espacio público con otro jugador o jugadores, bajo unos parámetros que además pueden no coincidir con su opción sexual habitual”

Independientemente de hasta qué punto funcione como excitador de sensaciones SM, no deja de ser cierto que el planteamiento encajaría perfectamente en muchos de nuestros juegos y sesiones. ¿O no?


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