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“Nunca lo llamé violación” : La verdad sobre los malos tratos en BDSM.

25 junio, 2013

Siguiendo la línea de el análisis del Consenso, los pactos y su relación con (por ruptura o ausencia) con los malos tratos,abusos, violaciones, etc, resulta interesante compartir éste artículo/denuncia/experiencia de Kitty Stryker a través de la traducción del mismo hecha por La Mosca Cojonera para su blog “Golfxs con Principios” (un blog ALTAMENTE recomendable) quien gentilmente nos ha autorizado para su publicación aquí. Aunque el artículo está centrado en la escena BDSM Americana, pese a sus evidentes diferencias con la nuestra hay muchos puntos en común que no nos resultarán en absoluto ajenos. Escenas similares a las descritas por ella en las que no se respeta en absoluto el consenso, diríamos que incluso, la autonomía, dignidad y libertad de elección de las personas no nos resultarán demasiado ajenas. Y, especialmente, fíjense en los efectos devastadores que pueden tener para la persona víctima de estos hechos.

Dragón

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“Nunca lo llamé violación” :

La verdad sobre los malos tratos en BDSM.

Cuando Kitty Stryker entró en el ambiente BDSM, supuso que cualquier dominante con tendencias sociopáticas peligrosas sería rápidamente expuesto y se le haría el vacío. La realidad, comenta, es que la comunidad demasiado a menudo mira hacia otra parte respecto a dominantes que maltratan.

He sido parte del ambiente BDSM desde los 18 años. Me he leído todos los libros, escuchado todas las advertencias, pedí referencias de mis compañerxs de juego y tenía fe en que ser parte de una comunidad, aunque no asegurase 100%, si al menos valdría para dejar de lado a las personas que habían demostrado ser peligrosas.

Abusaron sexualmente de mí en una ocasión que rápidamente definí como violación, y hablé un poco del tema con la gente. Pero una de las cosas que se me dijo repetidamente, una y otra vez, fue “Ah, pero él no es parte de la Comunidad”. [o “ambiente” o “gremio”, como se quiera]

Tenía buenas referencias, era un dominante bastante bien conocido (aunque no era educador, ni nada similar, sólo conocido en el ambiente) y le conocí durante un par de meses y en tres sesiones para jugar antes de dejarle que me atase.

Y ahí es cuando todo se estropeó. Pero eso fue la vez que me violaron, me decía a mí misma, y no ha vuelto a repetirse. ¿O sí?

Comencé a pensar sobre esto y la verdad, me asusta. Cuando empiezo a pensar en la de ocasiones que he sido engatusada, presionada o forzada para hacer un sexo o práctica que no quería cuando entré en el ambiente BDSM, no soy capaz de contarlas.

He dicho la palabra de seguridad y se ha ignorado, y no lo hice porque hubiesen roto un acuerdo muy claro que teníamos. Temía por mi seguridad y —para qué preocuparse— si iban a violarme, iban a violarme.

Decir la palabra de seguridad y ser ignorada fue muchísimo más traumático. Demostró que las palabras de seguridad son sólo tan seguras como lo es el respeto de la otra persona por ellas, y por mí. Y que un depredador puede llevar una máscara muy convincente, hasta que no quiere llevarla más.

Y nunca lo conté antes, no públicamente, por una serie de razones. Me culpaba a mí misma por no haber negociado lo suficiente, o no haberlo hecho lo suficientemente claro, o por no mantenerme aferrada a lo que había dicho o porque no quería que me viesen como si estuviese montando un drama o un lío.

Además, el hecho es, esas cosas no me traumatizaron, y no las llamé abuso sexual o violación, porque me sentía bien después. No había trauma, no había necesidad de procesarlo, y si hubiera sido violación, yo estaría hecha un asco, ¿verdad?.

Esto me cabrea mucho, porque me di cuenta que no me sentía traumatizada porque pasaba tan a menudo que era parte del hecho de ser una mujer sumisa. Se me podría decir “¿Pero qué me estás contando?“, ¿verdad?.

Solía ver mujeres sumisas en Alt.com y Bondage.com hablando sobre su conducta depredadora en la comunidad BDSM, y aún lo veo en CollarMe y Fetlife.

Recuerdo que me avisaban de no jugar con esta persona o la otra, porque tenían antecedentes de ir demasiado lejos, algo que a menudo era menospreciado como “cotilleos” y que se le quitaba importancia, para evitar esa etiqueta acusatoria de ser demasiado dramática y que se prohibiese el acceso.

O que después de un abuso, hablaba con gente y me encontraba que había muchas historias sobre ese tipo, pero sólo me lo dijeron después de haber pasado a ser parte del club.

Estar en el ambiente significó aprender diplomacia —como ser educada, incluso bondadosa, con personas a las que no les quitabas ojo. Y significaba que si algo salía mal, te culpabas a ti misma, porque obviamente el BDSM es jugar con fuego y tú no habías hecho suficiente negociación, no te habías comunicado de forma clara.

Me pregunto ahora si eso era porque en parte, si echabas a quien abusaba la culpa de haber abusado, admitías que todas las negociaciones y palabras de seguridad en el mundo no te ayudarían contra alguien deseando abusar tu confianza, y eso es una idea que da miedo.

Preferimos creer que tenemos poder en esas situaciones, que podemos controlar el resultado. He comprobado lo ingenuo que es eso.

Según meditaba sobre el número de veces que había tenido dedos en mi coño a los que no había dado mi consentimiento, o que había sido presionada a estar en una situación en la que decir “no” o no se respetaría o no era una posibilidad, o las veces que no quise un determinado tipo de juguete usado en mí que después era usado, me horroriza.

Cuando me presentaba como una mujer sumisa, se me decía que usar una palabra de seguridad era una muestra de falta de confianza, o que, si era una sumisa “de verdad” no necesitaba tener límites.

Una vez un chico me llevó a casa desde una reunión y se negó a salir de mi casa, insistió en quedarse a dormir y no se durmió hasta que le masturbé.

Estuve con un chico que quería que me dirigiese a él de una manera determinada y, después de una sesión intensa, cuando yo estaba llorando, el juego había parado y estaba revisando que todo estaba bien, él quería castigarme por no usar su manera ritual de dirigirme a él.

Hice una sesión de fotos en bondage en la que el fotógrafo no paraba de tocarme y, al final, se acostó conmigo, cuando yo no tenía coche y no podía irme cuando quisiera. Acepté la oferta de un masaje y terminé dándome cuenta que el precio de ese masaje era permitirle que me tocase.

Hubo muchas veces en que acepté más dolor del que podía soportar porque desarrollé un miedo a decir la palabra de seguridad, ya que se tenía tan poco en cuenta. Y esto es sólo una muestra.

Cada uno de estos ejemplos ocurrió sólo una vez. No volví a ninguno de ellos. Cada chico había llegado a mí con maravillosos informes de mis amistades, personas en las que confiaba.

Cuando volví a hablar con esas amistades, y decían “¿Pero qué ha pasado?”, la reacción iba del “Bueno, ya, él es así” a cabrearse conmigo por decir que habían pasado mis límites.

El hablar sobre ellos amenazó mi posición en la comunidad, así que dejé de comentarlo. Me amordacé a mí misma, deseando ser más aceptada que ser honesta.

A pesar de esto, magia del contorsionismo mental, nunca vi ninguna de esas cosas como un abuso sexual, incluso aún siendo no consensuado; me echaba la culpa a mí misma por atraer el tipo equivocado de dominantes, por no negociar suficientemente bien.

Al hablar con otras mujeres, descubrí que muchas de ellas habían tenido casos similares de los que se reían, porque si parásemos y nos los tomásemos en serio, la comunidad a la que nos unimos no se sentiría como algo seguro nunca más, y no sabíamos otro sitio a dónde ir.

Conocí a varios hombres de los que se sabía que en privado no eran alguien seguro para tener sesiones o porque no respetaban los límites, pero que disfrutaban de un cálido recibimiento por parte de la comunidad, mientras estas cosas eran cosas que “todo el mundo sabe”, nadie quería ser visto como la melodramática que les llamase.

¿Cómo es posible que le digamos a la sociedad en general que el BDSM no es abuso cuando ocultamos a nuestros maltratadores tan cuidadosamente y hacemos que las víctimas se avergüencen en silencio?¿Cómo es posible que lo digamos mientras sonreímos a la cámara clavando las uñas en nuestros propios muslos?

Yo sólo puedo hablar por mí misma, pero como una chica gorda, insegura que entra en el ambiente BDSM, sea lo que sea lo que se me contaba con palabras, las acciones me enseñaron que mi valor estaba en mi sexualidad y mi disposición a darla. Una buena sumisa, ves, es callada, sumisa y obediente. O, al menos, las sumisas que recibían atención lo eran.

Manejaba bien mis límites cuando entré en el ambiente. La manera en que la comunidad trataba la sumisión, las palabras de seguridad y los límites de los sumisos (diciendo en alto lo importante y valioso que eran pero no haciéndolo con los hechos) me hicieron dudar mucho más sobre dónde marcar el límite.

Fueron el punto de vista de las trabajadoras sexuales, no el BDSM, lo que me dio el valor para ser clara, firme y luchar duro si alguien no respetaba mis límites.

Dicho esto, he ido notando más y más una actitud parecida a presumir de saber manipular, fuese como sumisxs que se definían como “irritante” porque “ser pasivxs-agresivxs no es nada sexy, ¿verdad?” o personas dominantes que hablan con prepotencia de ser excelentes empujando más allá de los límites y de hacer cosas porque les “entretiene”.

Las cosas que leo en los perfiles de la gente no valdrían en, digamos, OkCupid: Se te calificaría de sociópata. Así que ¿por qué es “cool” el aparentar ser “durxs” de esa manera en el BDSM?. Y más concretamente: ¿Por qué nosotrxs, como comunidad, les dejamos hacerlo?. Quiero decir, si esas personas están siendo honestas sobre sus tendencias, ¿no deberíamos estar llevándoles lo más lejos posible?.

Pasamos mucho tiempo hablando sobre “lo que hacemos no es abuso” porque nos preocupamos de que haya consenso. Bueno, es fantástico que digamos lo que decimos, pero me dirijo a nosotrxs, como comunidad. No lo hacemos tan bien a la hora de manejar, como comunidad, los casos de consentimiento violado.

Somos simplemente como el resto de la sociedad: Miramos a la víctima y susurramos tapándonos la boca sobre cómo deberían haber sabido mejor donde se metían, o que si están montando un jaleo innecesario, en lugar de apoyarles. Aislamos a la víctima, considerándola que se ha presentado voluntaria a esa situación, en lugar de hacer el vacío a quien lo ha perpretado.

Y, sorprendentemente, después actuamos con sorpresa cuando descubrimos a las claras que hay sociópatas viviendo entre nosotrxs. Por supuesto que hay: Tratamos ese tipo de conducta sociópata como si fuera peligrosa pero con algo sexy y cool.

Miramos a otros miembros de la comunidad y le decimos a esa voz interior: “Bueno, parece que nadie tiene problemas con Mr Depredador, así que quedaría fatal que le destapase, quizás fue algo que hice yo mal”.

Esto crea una situación en que a lxs depredadorxs se les permite seguir siendo parte de la comunidad, a menudo una parte respetada, mientras que las anteriores víctimas mantienen la boca cerrada y esperan que no le suceda de nuevo a alguien más.

Mr Depredador a menudo no es alguien importante, seguro, pero tiende a ser una nano-celebrity aspirante, con lo que tienes algo que perder si les acusas y la comunidad no te apoya.

Me dice mucho el que haya tenido que buscar a fondo para encontrar posts sobre este tema, mientras que aún tengo que conocer a alguna chica sumisa que no haya sufrido esa situación de que se dé por hecho que pueden hacer algo con su cuerpo [sexual entitlement]. Hay tantas webs centradas en decir que el BDSM no es una coartada para los malos tratos que nos cegamos a la hora de verlo cuando puede que lo sea.

Incluso ahora, si estuviese en una mazmorra mañana, y alguien me agarrase del pelo o mi culo sin mi permiso, Dios no lo quiera que alguien me la meta sin condón, sinceramente no sabría cómo manejarlo. En teoría debo hablarlo con el encargado de la mazmorra, pero ¿en la práctica?. Probablemente se lo contaría a alguien que conozco.

Los encargados de la mazmorra aquí a menudo son amigos de lxs maltratadores, y, en situaciones realmente malas, son maltratadores ellos mismos. No querría golpear al agresor o incluso gritarles, porque probablemente se me prohibiría también el acceso por montar una escena. Además nadie quiere ser un acusica ¿verdad?

Debemos tener una vía mejor para manejar estas cosas. Porque lo admitamos o no, el ambiente BDSM es el sitio perfecto para maltratadorxs para buscar víctimas. Hay un deseo de estatus, y un deseo de complacer que, cuando se mezclan con una persona sociópata, puede joderte la cabeza.

Hay mucha confianza en la idea de “la persona dominante hecha para ti sabrá lo que necesitas sin siquiera hablar contigo sobre el tema”, sugiriendo una enorme cantidad de ingenuidad romántica que puede ser extremadamente peligrosa.

Imagínate sugiriendo que no necesitas nunca dar consentimiento para el sexo porque tu amor verdadero sólo te va a follar cuando quieres que te follen, sin ninguna pista verbal. Eso no se lo cree nadie, así que ¿por qué nadie lo cuestiona en el BDSM?.

Quizás dominantes y sumisxs están tan conectadxs que da sensación de que te falta algo cuando está una parte sin la otra, así que quizás olvidamos algunos temas para sentirnos parte de ese par.

Eso, y el Culto al Masoquismo, la idea de que es bueno sufrir, que tu capacidad para sufrir es lo que te da valor, que quizás si sufres lo suficiente puede finalmente ser placentero.

Además, pensemos en las películas sobre el tema, y los dominantes en esas situaciones: En “Nueve semanas y media” el hombre repetidamente supera los límites de su amante. En “Secretary” el jefe sin duda se extralimita en su conducta laboral. “Portero de Noche”… bueno, ¿tengo que explicarlo?.

Sé que los personaje sociópatas me son atractivos: Hannibal Lecter, por ejemplo o Patrick Bateman. Muchas mujeres encuentran a Skipe atractivo y no a Xander. Y por supuesto terminamos justificando y tapando su conducta como BDSM más que como abuso, porque los únicos sitios donde vemos el BDSM representado es en esas maneras poco recomendables.

Así que, comunidad, ¿que estamos dispuestxs a hacer al respecto? Porque no creo que el sistema de no oír, no ver y no hablar sea suficientemente bueno.”

Artículo original: “I never called it rape: the truth about abuse in BDSM”

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5 comentarios
  1. xana permalink

    El relato desde luego asusta. Sí es necesario encontrar el modo de destapar a semejantes personajes. Desgraciadamente no sé que extraño motivo lleva a las personas a como bien dijo “esconder la cabeza” y a hacer que las víctimas de abuso se sientan culpables. Es el reflejo de lo que ocurre en la sociedad, más de lo mismo, pero desde luego, si queremos presumir de una Comunidad Sana, la limpieza es tarea nuestra. Un saludo, y gracias por compartirlo.

  2. Unas frases entresacadas de una de las respuestas a este artículo (lo he publicado en un foro), que de momento Me dejan con el ánimo por los suelos… Y que sin duda Me harán reflexionar:

    “Cuando uno entra en este mundo, sabe a lo que viene y si en algún momento, ves violada tu intimidad, lo mejor es que no repitas y asi evitas que te pase lo que no deseas 2 veces.”

    ” Una de las fantasias eróticas más extendidas entre las Damas, es la violación.

    Y ahora que la consigues, sales huyendo?…..

    No lo entiendo, la verdad.”

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