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BDSM en lengua de signos, del “Glosario feminista en LSE” de Pikara Magazine

3 mayo, 2015

Es curioso, hubiera puesto la mano en el fuego porque ya habíamos compartido este material en el blog… pero parece que no.

El caso es que hace algún tiempo Pikara Magazine organizó unos talleres en los que colaboraron profesionales y personas usuarias de la lengua de signos y a raíz de los cuales se creó un glosario feminista en lengua de signos. El glosario fue creciendo y ya cuenta, no sólo con los vídeos de los términos, sino también con vídeos con las definiciones explicativas de los mismos.

A continuación compartimos en el blog su entrada sobre BDSM (el vídeo y texto de la explicación, que es el más completo).

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BDSM
Raquel (Lucas) Platero

Estas siglas se refieren al ‘Bondage’ o arte de atar, juegos y prácticas de Dominación y Sumisión y el Sadomasoquismo, que incluyen toda una serie de disciplinas o prácticas que suponen un disfrute estético, pero también desempeñar roles y escenificar situaciones, desarrollar juegos extremos, incluso el uso de ciertas prendas, juguetes sexuales y herramientas. Estas prácticas pueden además suponer que las personas que practican BDSM se reúnan en ciertos espacios señalados para este uso, públicos o privados, que a menudo pueden ser tildadas de ‘mazmorras’, ‘caballerizas’, ‘sala de torturas’, ‘sala de juegos’ u otros nombres, que construyen un lugar donde las fantasías y las prácticas son posibles.

En el BDSM se utiliza cierta jerga, que tiene por objeto introducir a las personas en el juego y que supone cierto desempeño de roles (de género, de clase, de edad, sexuales, de poder, etc.), así como designar a las personas y a las situaciones en el seno del tiempo que se entiende como propio para las prácticas BDSM. Así mismo, acompaña también del uso de ciertas prendas, ropas y atuendos que generan un espacio y un tiempo de juego que durará lo que las partes acordadas señalen. Para algunas personas existen relaciones 24/7, un tiempo de juego y una práctica BDSM que serán todos los días a todas horas, con códigos acordados para poder entenderse en el espacio y en el tiempo de juego.

Una de las reglas fundamentales del BDSM y que no siempre es conocida fuera de este contexto es la necesidad del consenso, un acuerdo que se establece entre las personas implicadas sobre qué prácticas se realizan, qué palabras usar para alertar de los límites, qué tiempo y en qué condiciones se realizarán las prácticas BDSM. Estas se basan en reglas pactadas de antemano, que han de ser seguras (con sexo seguro pero también que incluyen la seguridad y la integridad de las personas) y planteadas dentro de un consentimiento y en plena capacidad de decisión, por lo cual no se practica bajo la influencia de las drogas o el alcohol.

El consenso entre personas adultas, sobre unas prácticas que pueden ser estéticas, o sensoriales, o que implican elementos de fantasía y que pueden incluir o no el sexo, establece una diferencia muy clara con los abusos que se dan en una relación no consentida. En ese sentido no cabe confundir abusos con sexo consentido.

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